En los años 80, Michael Jackson y Paul McCartney eran amigos de verdad. Grabaron juntos dos duetos — "The Girl Is Mine" (1982) y "Say Say Say" (1983) — que fueron hits mundiales. Se visitaban, se llamaban, se tenían un respeto mutuo enorme.
Pero McCartney cometió un error que le costaría caro: en una conversación casual, le explicó a Michael cómo funcionaba el negocio de comprar los derechos de canciones de otros artistas como inversión. "Es el mejor negocio de la música", le dijo. Michael tomó nota.
En 1985, cuando salieron a la venta los derechos del catálogo de 251 canciones de los Beatles — incluyendo "Hey Jude", "Let It Be" y "Come Together" — Michael Jackson pagó 47,5 millones de dólares y se los quedó. Paul McCartney también quiso comprarlos pero ofreció menos. Cuando se enteró de que había sido Michael quien ganó la subasta, la amistad nunca fue igual.
McCartney dijo públicamente que le parecía una "deslealtad" que un amigo le comprara sus propias canciones. Michael respondió que era solo negocios y que él le había enseñado cómo funcionaba. Tenía razón, pero eso no hizo que McCartney se sintiera mejor. Esos derechos hoy valen más de 1.000 millones de dólares. El negocio del siglo. 💸
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