Michael Jackson no tenía mascotas comunes. En Neverland vivían jirafas, elefantes, orangutanes, serpientes, flamencos, un rinoceronte, venados y decenas de especies más. Pero el más famoso de todos era Bubbles, un chimpancé que se convirtió en el compañero inseparable de Michael durante años.
Michael adoptó a Bubbles en 1983 de un laboratorio de investigación en Texas cuando el animal tenía apenas unos meses. Lo trató como a un hijo: Bubbles dormía en su cuarto, comía en su mesa, viajaba con él en aviones privados y hasta lo acompañó a Japón en una gira, donde saludó junto a Michael a funcionarios del gobierno japonés. Un artista japonés famoso hizo una escultura dorada de Michael y Bubbles juntos que hoy vale millones.
Cuando Bubbles creció y se volvió demasiado grande y potencialmente peligroso (los chimpancés adultos son animales salvajes muy fuertes), fue trasladado a un santuario de primates en Florida, donde vive todavía hoy. Tiene más de 40 años — una edad muy avanzada para un chimpancé — y según los cuidadores es un animal tranquilo y sociable.
Bubbles sobrevivió a Michael. Hay algo muy poético y triste en eso. 🐒